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La voz del colegiado: Lo mejor y lo peor de tener un animal de compañía, equilibrio emocional

06/07/2022

Tras muchos y muchos años trabajando intensamente en la clínica de pequeños animales de forma exclusiva, repasando y revisando mentalmente situaciones y momentos desgarradores, te das cuenta de que tener un animal a nuestro lado siempre es gratificante. Hoy me centraré en los perros, puesto que los gatos son totalmente diferentes en comportamiento y relación.

Tener un perro es siempre positivo, si queremos tenerlo. Subrayo el querer tener, porque al adquirirlos, adquirimos una responsabilidad de por vida, de comportamientos y económica.

Un perro debe llenar aspectos afectivos naturalmente, pero un perro no es un hijo, ni como dicen ahora un “hijo perro”, si somos capaces de dejar vivir al perro como un animal que es, será feliz él y nosotros, todas las distorsiones mentales y otros comportamientos siempre se traducirán en conflictos interiores que nunca ayudan y menos ahora que la fragilidad emocional de muchísimas personas está tan mermada de recursos y sometidas a estrés y soledad.

Nosotros, como profesionales, debemos ser muy cuidadosos en no fomentar estas inclinaciones de muchos propietarios. Desde que empecé a ejercer, las cosas han cambiado mucho, hemos pasado prácticamente del fonendoscopio y la intuición, al abanico de posibilidades de diagnosis que tenemos ahora.

Pero los medios son para utilizarlos racionalmente. Quizás pensamos que todo se puede solucionar. No todo se soluciona y lo que tiene menos posibilidades de solucionarse es la edad. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: te dicen que el perro sólo tiene 14 años, y yo digo no, ya tiene 14 años que es muy distinto.

Debemos ayudarle a entender que su animal es ya mayor, que tiene una enfermedad que difícilmente puede superar, o que ya ha llegado el momento de traspasar. La eutanasia es un momento muy difícil, pero podemos hacer que sea un momento de empatía, de caridad o de la última muestra de amor hacia nuestro animal.

Lo más importante de ayudar a morir a un animal, es que el propietario esté convencido de que es lo necesario. Esto también es medicina.

Todo esto nos conduce a la responsabilidad que tenemos como sanitarios y como profesionales, a recomendar lo más adecuado para el animal, el propietario y la situación de ambos.

¿Es, de verdad, lo que se está haciendo? Personalizamos la atención, y muchas veces priorizamos el protocolo médico y de diagnosis a la realidad que vemos: por ejemplo, frente a un perro de 16 años con un problema cognitivo y otras patologías o simplemente con una falta de respuesta normal, una situación de carencia de posibilidades de sobrevivir, ¿que creo que debemos hacer? Yo lo tengo muy claro, ¿todo el mundo lo tiene claro? Acompañar a tomar una decisión de ayudar a morir a un animal, representa un esfuerzo de empatía y caridad.

 

Alejandro Tarragó
Nº de colegiado 517